Por: Pablo Silva Jordán. Especialista en Recursos Hídricos.
En el camino hacia una minería de “cobre verde” con trazabilidad ambiental, resulta esencial distinguir entre la operación responsable en curso y los pasivos históricos. Chile enfrenta un desafío estructural con más de 800 depósitos de relaves identificados a nivel nacional, según el catastro de Sernageomin. Sin embargo, la preocupación no debe centrarse únicamente en los proyectos que están operando bajo monitoreo constante y cumplimiento normativo —los cuales requieren mantener estándares de seguridad técnica—, sino en la incertidumbre que rodea a los relaves abandonados.
¿Quién se hace cargo?El núcleo del problema trasciende la actividad minera vigente. Se concentra en la orfandad de los pasivos históricos. La gran pregunta que la política pública y el sector aún deben resolver es la responsabilidad técnica y financiera sobre sitios que ya no forman parte de una operación activa.
- Incertidumbre de Propiedad: En aproximadamente 300 de estos depósitos no existe un propietario identificado, lo que genera un vacío legal y operativo que impide ejecutar planes de remediación o cierre.
- Falta de Gestión Activa: Cerca del 80% de los relaves en Chile se encuentran inactivos o abandonados. Mientras las empresas modernas están invirtiendo en control y monitoreo, estos sitios carecen de vigilancia, pese a que podrían seguir interactuando con el suelo y ecosistemas cercanos.
- Desconocimiento Estructural: En 265 casos se desconoce el método de construcción o la estabilidad de las estructuras, una carencia de información que contrasta con el rigor técnico de la industria actual.
El viento y el agua son vectores críticos en la movilidad de contaminantes. En la movilización hacia los acuíferos, el agua y el tiempo son factores clave, ya que los elementos pueden tardar décadas en desplazarse por el subsuelo. Por esta razón, para las empresas que hoy lideran el sector, el monitoreo hidrogeológico no es solo una obligación, sino también una validación de su gestión:
- Certeza Técnica: Un proyecto con seguimiento activo y cumplimiento normativo se mantiene bajo control y en línea con las exigencias regulatorias. Aunque requiere vigilancia constante, reduce la incertidumbre y entrega mayor tranquilidad en la toma de decisiones.
- Diferenciación Estratégica: Identificar tempranamente los riesgos permite anticipar escenarios y fortalecer la confianza con las comunidades, separando la operación de excelencia del riesgo latente que representan los pasivos sin dueño.
- Seguridad Jurídica: La gestión proactiva alinea las operaciones con estándares internacionales de competitividad y con marcos modernos como una futura Ley Marco de Suelos y Aguas.
El desafío para Chile radica en no soltar la mano de quienes hoy están cumpliendo, evitando la pérdida de trazabilidad y el riesgo de abandono. Al mismo tiempo, urge resolver quién asume la gestión de los relaves abandonados que se concentran en regiones como Antofagasta, Atacama y la Metropolitana. La combinación de ciencia aplicada y monitoreo riguroso permite a la industria responsable liderar la narrativa de sostenibilidad, demostrando que donde hay propiedad, gestión y tecnología, la gestión hídrica y ambiental deja de ser un riesgo para convertirse en una garantía de seguridad.
