Por Cristian Martínez-Villalobos, académico Facultad de Ingeniería y Ciencias Universidad Adolfo Ibáñez, investigador titular de Data Observatory
En el Día de los Océanos, conviene recordar algo simple: el océano no es solo paisaje, biodiversidad o recurso económico. También es parte activa del sistema climático. El Niño es probablemente el ejemplo más conocido. En términos simples, es un calentamiento anómalo del océano Pacífico tropical que reorganiza la circulación atmosférica a nivel global y altera patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del mundo. En Chile, los eventos de El Niño suelen asociarse a aumentos en la probabilidad de precipitación e inundaciones en la zona central, pero esa relación no es mecánica ni igual en todos los casos.
Hoy los pronósticos internacionales apuntan a una alta probabilidad de El Niño durante los próximos meses. Esto importa, pero no responde automáticamente las preguntas que más interesan: ¿lloverá más?, ¿habrá más calor?, ¿qué sectores deben prepararse? Un pronóstico climático no debe leerse de forma determinística, sino como una estimación probabilística.
Además, los pronósticos hechos en abril y mayo suelen tener mayor incertidumbre: en esta época del año el océano y la atmósfera no siempre se acoplan con la misma intensidad, y pequeñas diferencias pueden cambiar la trayectoria final del Pacífico tropical. La incertidumbre aumenta aún más cuando se pasa del Pacífico tropical a impactos concretos en Chile. No basta con saber si habrá El Niño. También importa qué tan intenso será, en qué parte del Pacífico tropical se concentrará el calentamiento y cuándo alcanzará su máximo.
Incluso con esa información, la relación entre El Niño y la precipitación en Chile central es variable; un evento de El Niño carga los dados hacia mayores probabilidades de lluvia, pero no asegura una respuesta específica. Ahí está la razón para ser cautos, pero no pasivos. Cautos, porque “El Niño” no produce una respuesta garantizada. No pasivos, porque esa información permite preparar escenarios y actualizar decisiones. En agua, agricultura, energía, pesca o emergencias, esperar certeza absoluta suele ser una mala estrategia.Todo esto ocurre en el contexto del cambio climático. El Niño no es cambio climático: es parte de la variabilidad natural del sistema océano-atmósfera. Pero hoy ocurre sobre un planeta más cálido y con una atmósfera capaz de contener más vapor de agua. Eso puede modificar las condiciones de fondo sobre las cuales se desarrollan sus impactos, en algunos casos pudiendo amplificarlos. El desafío futuro es entender cómo la variabilidad natural, por ejemplo debido a El Niño, y el calentamiento global; se combinan para modificar riesgos concretos
