- Los recientes sistemas frontales que han afectado al país evidencian el riesgo que enfrentan las zonas cercanas a ríos y esteros. Ante este escenario, expertos apuntan a fortalecer el monitoreo y transformar los datos en alertas oportunas para anticipar posibles desbordes.
Las últimas lluvias vuelven a poner a prueba la capacidad de Chile para anticipar el comportamiento de sus ríos y esteros. Mientras distintos organismos monitorean precipitaciones, niveles y caudales, los desbordes registrados en distintas zonas del país reabren una pregunta: ¿qué tan preparado está el sistema para detectar una crecida antes de que se produzca una emergencia?
Si bien nuestro país cuenta con una amplia red de medición de ríos y caudales, operada principalmente por la Dirección General de Aguas (DGA), a través del Servicio Hidrométrico Nacional, expertos señalan que el desafío principal no es solo medir el curso del agua, sino que usar la información disponible para anticiparse a posibles inundaciones. Así lo indica Nicolás Suazo, abogado experto en agua y socio de Garnham Abogados, quien afirma que “frente al cambio climático, Chile necesita pasar de un sistema que monitorea a uno que también pueda pronosticar y alertar oportunamente a nivel nacional”.
De igual forma, Emilio de la Jara, CEO de Capta Hydro, enfatiza en que “el sistema actual de monitoreo funciona, tal como lo ha señalado la Dirección General de Aguas, principalmente para fines estadísticos. Sin embargo, la densidad de la red todavía no es suficiente para monitorear en tiempo real el comportamiento de los cauces frente a una emergencia”, agregando que “todavía no estamos suficientemente preparados a nivel nacional. Chile tiene una gran cantidad de cuencas, ríos, esteros y zonas potencialmente inundables, y pocas estaciones en proporción a esa extensión. El desafío es avanzar hacia una red con mayor cobertura y frecuencia de medición, que permita contar con información oportuna durante una emergencia”.
Prevención y educación: clave para evitar desastres
Una de las zonas más afectadas durante el temporal de julio fue el norte de Chile, específicamente regiones como las de Coquimbo, zona donde ocurrió el desborde del río Elqui.
Frente a esta situación, los expertos enfatizan en dos puntos: la importancia de la prevención y la falta de un sistema acorde a la población. Por su parte, Suazo señala que “la pregunta ya no es únicamente si llueve más, sino si nuestras ciudades, nuestra infraestructura y nuestros sistemas de alerta están preparados para fenómenos hidrológicos cada vez más extremos. La prevención no puede comenzar cuando el río se desborda; debe comenzar mucho antes, en la planificación de las cuencas y en la gestión del riesgo”.
Por otro lado, Gonzalo Cortés, doctor en Hidrología y cofundador de Snowdata, señala que “no tenemos un sistema de alertas de crecidas tan institucionalizado y tan asimilado por la población como sí lo tenemos en meteorología. Por ejemplo, todos sabemos cuándo viene un sistema frontal, y hablamos de precipitaciones intensas, isotermas cero altas, aluviones posibles, etc. Podríamos tener lo mismo a nivel de desastres hidrológicos y que la gente que vive cerca de cauces tenga información de potenciales crecidas desastrosas”.
Uso de nuevas herramientas e información para anticipar crecidas
La capacidad de anticipar una crecida no depende solo del monitoreo de los ríos, sino también de la disponibilidad y combinación de distintas fuentes de información. En este escenario, surge la necesidad de analizar el funcionamiento del monitoreo actual y qué otras herramientas pueden contribuir a mejorar la anticipación de estos eventos.
Para Gonzalo Cortés, “los modelos requieren de datos para ser entrenados, y mientras más datos históricos se tengan, mejor podremos anticiparnos a las crecidas de eventos futuros”, agregando que, “estamos monitoreando ríos, pero generalmente son solo cuencas principales, y además los sistemas de monitoreo no están necesariamente en línea lo que impide su uso para monitoreo inmediato”.
De igual forma, el cofundador de Snowdata enfatiza en que el “monitoreo de los ríos por sí solo no es suficiente, solo podríamos tener alertas de riesgo inmediato. Los pronósticos meteorológicos, nieve acumulada, imágenes y otros modelos nos permiten anticiparnos con tiempos que van desde el día siguiente hasta 14 días con anticipación de posibles crecidas”.
Coordinación efectiva entre los organismos
Frente al riesgo de crecidas, la coordinación entre los distintos organismos resulta clave para transformar la información disponible en decisiones oportunas. Si bien existen mecanismos de coordinación y respuesta anticipada, también hay dudas sobre la disponibilidad de información en terreno y su capacidad para apoyar la toma de decisiones durante una emergencia.
Para Emilio de la Jara, “ha habido una mejora en la coordinación entre SENAPRED y la Dirección General de Aguas. Sin embargo, todavía existen desafíos respecto de contar con mejores datos en terreno que permitan tener mayor certeza sobre lo que está ocurriendo durante una emergencia”, agregando que “respecto de los municipios, gobiernos regionales y organismos de emergencia, existen coordinaciones previas basadas en el monitoreo meteorológico y he observado una buena respuesta anticipatoria frente a estos eventos. La brecha aparece principalmente durante la emergencia, porque todavía existe poca información en terreno diseñada para responder en tiempo real”.
Mientras tanto, para Nicolás Suazo, “Chile posee organismos capaces y con atribuciones para coordinarse”, aunque, “si la pregunta es si hemos alcanzado un nivel óptimo de coordinación preventiva frente a eventos hidrológicos extremos, la respuesta probablemente es todavía no. Seguimos siendo relativamente fuertes en la gestión de la emergencia y en la respuesta una vez que el problema se manifiesta, pero aún debemos fortalecer la capacidad de anticipación”.
No basta con medir ríos
Finalmente, reducir el impacto de futuras inundaciones requiere abordar el riesgo desde distintas dimensiones, desde la capacidad para monitorear los caudales y anticipar crecidas, hasta el estado de las defensas fluviales y la planificación de las zonas expuestas.
En este escenario, surge la interrogante sobre qué medidas y herramientas son necesarias para fortalecer la prevención y mejorar la respuesta frente a estos eventos en Chile. Para el CEO de Capta Hydro, las medidas varían según cada factor a analizar:
“En materia de monitoreo de caudales, necesitamos aumentar la densidad de estaciones fluviométricas, revisar dónde están ubicadas para que puedan contribuir a generar alertas tempranas y aumentar la frecuencia de las mediciones. Respecto de las defensas fluviales, muchas se diseñan utilizando periodos de retorno, por ejemplo, considerando una determinada crecida que estadísticamente podría producirse cada 100 años. Pero si incorporamos eventos recientes, como las importantes crecidas de 2023 y 2026, esas estadísticas pueden cambiar. Por eso es importante revisar si las defensas existentes están acordes con información actualizada y que las futuras obras también consideren esas nuevas estadísticas”.
A su vez, De la Jara señala que “para reducir el impacto de las inundaciones existen herramientas de percepción remota e imágenes satelitales que permiten identificar zonas que se han inundado durante eventos anteriores. Falta cruzar mejor esa información con las zonas efectivamente pobladas, tanto rurales como urbanas, y avanzar en una mayor coordinación de los planes a nivel regional y de ciudad”.
Es así como, el desafío para Chile, según los expertos, es avanzar desde un sistema centrado en monitorear y responder, hacia uno capaz de anticipar riesgos y crecidas. Para ello, resulta clave fortalecer el monitoreo, integrar nuevas herramientas y mejorar la coordinación entre los organismos.
