- Un catastro de Acades y la Corporación de Bienes de Capital identifica 53 proyectos por US$23.913 millones, con la desalación concentrando la mayor parte de la inversión. El avance de esta infraestructura coincide con un cambio en el abastecimiento de la minería del cobre: Cochilco proyecta que el agua de mar representará el 67,6% de su consumo hídrico en 2034.
El mapa de las fuentes de agua utilizadas por los sectores productivos en Chile está experimentando una transformación que tiene a la desalación y al transporte de agua como protagonistas.
Un nuevo catastro elaborado por la Asociación Chilena de Desalación y Reúso (Acades) y la Corporación de Bienes de Capital (CBC) contabiliza 53 proyectos de infraestructura hídrica por US$23.913 millones en distintas etapas de desarrollo. De ellos, 26 corresponden a plantas desaladoras, 19 a sistemas de extracción y transporte de agua y ocho a plantas de tratamiento.
La mayor parte de los recursos se concentra en desalación. Los 26 proyectos de este tipo representan inversiones por aproximadamente US$18.290 millones, mientras los sistemas de extracción y transporte suman cerca de US$5.185 millones.
Detrás de estas cifras aparece una tendencia especialmente visible en la minería: la incorporación progresiva del océano como fuente de abastecimiento y la consiguiente expansión de la infraestructura necesaria para captar, desalar y transportar agua hasta las operaciones.
27 proyectos se moverían antes de 2030
El catastro permite además observar el calendario previsto para parte de estas inversiones. Quince proyectos de infraestructura hídrica finalizarían su construcción entre 2026 y marzo de 2030, mientras otros 12 iniciarían obras durante ese mismo período. Este último grupo representa inversiones estimadas en US$17.322 millones.
Entre los proyectos identificados se encuentran iniciativas asociadas a minería, pero también proyectos multipropósito y obras destinadas a otros sectores productivos.
La minería tiene, sin embargo, una participación relevante. De los 15 proyectos que finalizarían su construcción antes de marzo de 2030, ocho están directamente asociados al sector minero y cuatro tienen carácter multipropósito. Dentro de la cartera total, las inversiones mineras representan alrededor de US$4.050 millones en proyectos de desalación y US$3.192 millones en sistemas de transporte de agua.
Antofagasta concentra la mayor inversión
El despliegue de infraestructura presenta también una marcada concentración territorial en las regiones del norte. Antofagasta encabeza la inversión proyectada, con 14 iniciativas por US$7.936 millones. Le siguen Coquimbo, con siete proyectos por US$4.138 millones, y Atacama, con diez iniciativas que suman US$3.395 millones.
La concentración coincide con territorios donde se desarrolla una parte importante de la actividad minera del país y donde distintas operaciones están incorporando agua de mar a sus sistemas de abastecimiento.
Entre las iniciativas que aparecen en el catastro se encuentra la continuidad operacional de El Abra, en Antofagasta, que considera una planta desaladora al sur de Tocopilla con una capacidad cercana a 1.975 litros por segundo y un acueducto de aproximadamente 146 kilómetros hasta la concentradora.
Dos de cada tres litros utilizados por la minería vendrían del mar
La magnitud de las inversiones se entiende también al observar las proyecciones de demanda hídrica de la minería del cobre.
Según el estudio Proyección de la Demanda de Agua en la Minería del Cobre 2025-2034, elaborado por Cochilco, el consumo total del sector aumentaría desde 18,5 metros cúbicos por segundo en 2024 hasta 20,6 m³/s en 2034.
El principal cambio, sin embargo, estará en el origen de esa agua. En 2024, el agua de mar representaba el 40,7% del consumo hídrico de la minería del cobre. Para 2034, Cochilco proyecta que su participación llegará al 67,6%, convirtiéndose ampliamente en la principal fuente de suministro del sector.
En términos de caudal, la demanda de agua de mar —desalada y utilizada directamente— pasaría de aproximadamente 7,5 m³/s en 2024 a 13,9 m³/s en 2034. De ese último volumen, unos 10,5 m³/s corresponderían a agua previamente desalinizada. Paralelamente, la participación de las fuentes continentales disminuiría.
El desafío energético de transportar el agua
El cambio de fuente también supone nuevas necesidades de infraestructura y energía. Una vez producida en la costa, el agua destinada a numerosas faenas mineras debe recorrer largas distancias y, en muchos casos, ser elevada varios miles de metros hasta las operaciones.
De acuerdo con las proyecciones recogidas por Cochilco, el aumento del uso de agua de mar implica también un incremento de la electricidad destinada tanto a desalación como a impulsión.
Esto convierte a las tuberías, estaciones de bombeo y sistemas eléctricos asociados en una parte inseparable del desarrollo de nuevas fuentes para la minería, además de las propias plantas desaladoras.
La cartera de casi US$24 mil millones identificada por Acades y CBC muestra así una transformación que va más allá de la construcción de nuevas plantas: Chile está ampliando la infraestructura necesaria para incorporar fuentes alternativas de agua y transportarlas hasta los lugares donde serán utilizadas.
En la minería del cobre, las proyecciones de Cochilco permiten dimensionar el alcance de ese proceso. Si se materializa la cartera prevista, hacia 2034 el abastecimiento hídrico del sector tendrá una composición muy diferente a la actual, con el agua de mar aportando cerca de dos tercios de su consumo total.
