Por: José Manuel Bellalta, gerente general de GB CINCO Ambiental
El Lago Villarrica es parte de la vida cotidiana de La Araucanía. Sus aguas sostienen el turismo, las actividades productivas y la relación de las comunidades con su entorno. Recuperar su calidad es, por tanto, una tarea ambiental con consecuencias directas para la economía local y la calidad de vida.
El primer plan de descontaminación de un lago en Chile permite dimensionar el desafío. La cuenca abarca
2.805 kilómetros cuadrados e incluye a Villarrica, Pucón, Curarrehue y Cunco. Lo que ocurre en distintos
puntos de ese territorio puede terminar afectando al lago. Por eso, concentrarse únicamente en sus orillas
sería insuficiente.
El proyecto definitivo estima que ingresan al lago 270,5 toneladas de fósforo al año y plantea reducir esa
carga en 67,4 toneladas anuales. Esta meta exige controlar los aportes de las pisciculturas, mejorar el
tratamiento de aguas servidas y abordar la contaminación que llega de manera difusa desde los suelos de la cuenca.
Las medidas propuestas muestran que la recuperación requiere intervenciones de distinta escala. Entre ellas figuran soluciones de saneamiento para 1.350 viviendas rurales y un programa de restauración,
reforestación o rehabilitación de 2.000 hectáreas. Cada acción responde a una fuente o vía de
contaminación, pero su efecto conjunto solo podrá conocerse mediante un seguimiento riguroso.
Ahí estará una de las pruebas decisivas del plan: demostrar que las medidas se traducen en una mejora
sostenida de la calidad del agua. Para hacerlo se necesitan muestreos periódicos, caracterización de las
fuentes contaminantes y análisis que permitan distinguir los cambios estacionales de una recuperación real.
Medir también permitirá corregir las intervenciones que no estén dando los resultados esperados.
El horizonte previsto es de 15 años, con revisiones cada cinco y una actualización del inventario de
emisiones cada tres. Es una escala de tiempo que obliga a mantener la coordinación entre autoridades,
empresas y comunidades más allá de un ciclo administrativo. Publicar los avances con claridad será
fundamental para sostener ese compromiso.
El análisis económico del proyecto estima un costo de US$56 millones. La cifra refleja la magnitud de la
tarea, pero el éxito no se medirá por los recursos comprometidos, sino por la reducción efectiva de los
aportes contaminantes y la recuperación verificable del lago.
Villarrica puede abrir un camino para otros cuerpos de agua del país. Su aporte más valioso será demostrar que la descontaminación hídrica requiere actuar sobre toda la cuenca, evaluar los resultados y sostener las decisiones en el tiempo.
