Por: Héctor Mondaca Ulloa.
Cuando hablamos de enfrentar la sequía en Chile, solemos pensar en embalses, desaladoras o grandes infraestructuras. Sin embargo, hay una solución silenciosa que aún no hemos sabido poner en el centro: el reúso de aguas.
En agricultura, en la industria e incluso en los hogares, el reúso no es ciencia ficción: ya ocurre en varios países y regiones, transformando aguas residuales en recurso valioso.
¿Por qué importa?
- En Chile, más del 70% del agua se usa en riego agrícola. El reúso podría aliviar la presión sobre ríos y napas.
- A nivel urbano, sistemas descentralizados de tratamiento y reúso podrían apoyar parques, áreas verdes y hasta ciertos usos industriales.
- En países como Israel o Singapur, el reúso llega a representar más del 80% del agua disponible.
El verdadero desafío
El problema no es solo técnico. Es cultural y comunicacional.
- Persisten resistencias sociales al “agua reciclada”, asociada a contaminación o riesgo.
- La regulación en Chile avanza lento y aún no genera la confianza necesaria para invertir y escalar proyectos.
- La conversación pública casi siempre la lideran ingenieros o economistas, dejando de lado a las comunidades y a la ciudadanía, que son quienes deben aceptar y convivir con el reúso.
Una nueva narrativa del agua
Necesitamos comunicar el reúso no como un “parche de emergencia”, sino como una práctica inteligente, eficiente y sostenible.
- Mostrar ejemplos exitosos en Chile y el mundo.
- Dar voz a agricultores, municipios y comunidades que ya lo están implementando.
- Contar historias que derriben prejuicios y fortalezcan la confianza pública.
El reúso de aguas no será aceptado solo por decreto o inversión. Será aceptado cuando logremos narrarlo de manera clara, transparente y cercana. Porque el futuro del agua en Chile depende tanto de tecnología como de cultura.
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