- La iniciativa permitirá incorporar 500 litros por segundo desde fuentes subterráneas y operar un sistema de intercambio con aguas superficiales durante períodos de escasez. El proyecto surge de la colaboración entre Aguas Andinas y organizaciones de regantes de la Primera Sección del río Maipo.
Ocho nuevos pozos de 160 metros de profundidad comenzaron a construirse en Calera de Tango con el objetivo de reforzar el abastecimiento de agua potable de la Región Metropolitana durante futuros períodos de sequía extrema y, al mismo tiempo, resguardar la disponibilidad del recurso para la actividad agrícola del sector.
Las obras forman parte del proyecto Fajas de Canales y se emplazan en el sector Tres Acequias, específicamente en Barrancón con Santa Inés. En conjunto, los pozos tendrán capacidad para aportar un caudal de 500 litros por segundo, que será transportado mediante un sistema de impulsión de más de un kilómetro hasta un canal administrado por la Asociación de Canales del Maipo (ACM).
La particularidad del proyecto está en la forma en que se utilizará ese recurso. Durante la vigencia de decretos de escasez hídrica, el sistema permitirá intercambiar agua subterránea por agua superficial, contribuyendo a reforzar la disponibilidad destinada al abastecimiento de los más de siete millones de habitantes de la Región Metropolitana sin dejar de considerar las necesidades de riego.
Un acuerdo que comenzó durante la sequía
La iniciativa es resultado del trabajo iniciado en 2021 entre Aguas Andinas y las asociaciones de regantes pertenecientes a la Primera Sección del río Maipo, en momentos en que la prolongada sequía puso bajo fuerte presión el abastecimiento de Santiago.
Desde entonces, la coordinación ha permitido realizar traspasos de agua en períodos especialmente complejos y desarrollar una cartera de iniciativas destinadas a aumentar la resiliencia hídrica de la capital.
Ignacio Valdés, presidente de la Asociación de Canales del Maipo, destacó que las nuevas obras forman parte de un desafío de mayor alcance frente a un escenario de creciente escasez.
“Este es un primer paso de muchas cosas que vamos a tener que hacer a medida que avance el cambio climático y aumente la escasez de agua”, señaló Valdés, quien recalcó que proyectos de esta magnitud requieren recursos, tiempo y colaboración entre diferentes instituciones.
Por su parte, Luis Baertl, presidente de la Junta de Vigilancia de la Primera Sección del río Maipo, recordó que el acuerdo iniciado hace cinco años no estuvo orientado únicamente a establecer protocolos para enfrentar situaciones críticas, sino también a desarrollar proyectos que permitieran aumentar progresivamente la resiliencia del sistema de abastecimiento de Santiago.
Mayor participación de las aguas subterráneas
Los ocho pozos de Calera de Tango son parte de un programa más amplio que contempla la construcción de 36 pozos en distintos puntos de la Región Metropolitana.
La meta de Aguas Andinas es que estas inversiones permitan aumentar la participación de las fuentes subterráneas en la producción de agua desde el actual 25% hasta un 40% en 2030. De esta manera, se busca reducir la dependencia de las aguas superficiales, cuya disponibilidad puede disminuir durante períodos prolongados de sequía y verse afectada además por episodios de alta turbiedad en los cauces.
José Sáez, gerente general de Aguas Andinas, sostuvo que el proyecto permitirá avanzar hacia una mirada integrada de la cuenca y fortalecer la seguridad hídrica de Santiago frente a escenarios de mayor vulnerabilidad climática. Los nuevos pozos, explicó, permitirán restituir el agua utilizada en los acuerdos con los regantes y disponer de una fuente adicional para el consumo humano cuando las condiciones de sequía vuelvan a tensionar el sistema.
El inicio de las obras incluyó también un recorrido por la bocatoma El Clarillo, infraestructura con más de un siglo de existencia que continúa formando parte del sistema de gestión de los recursos hídricos de la cuenca.
La construcción de los nuevos pozos refleja así una estrategia que busca diversificar las fuentes de abastecimiento y reducir la vulnerabilidad frente a períodos de escasez, pero también pone nuevamente sobre la mesa la necesidad de coordinación entre los distintos usuarios de una misma cuenca cuando disminuye el agua disponible.
