Por: José Manuel Bellalta, gerente general de GB CINCO Ambiental
Entre el 18 y el 23 de agosto, la Semana Mundial del Agua vuelve a situar la gestión hídrica en el centro de la discusión internacional. Organizada por el Stockholm International Water Institute (SIWI), es una de las principales plataformas globales de diálogo, colaboración e innovación en torno al agua, reuniendo a
especialistas, gobiernos, empresas y organizaciones para conectar ciencia, políticas públicas y soluciones
concretas.
Para Chile, esta conversación tiene una dimensión especialmente relevante. La resiliencia hídrica no
depende únicamente de disponer de nuevas fuentes de agua o construir infraestructura. También exige
proteger la calidad de los recursos existentes y recuperar aquellos que han sido afectados por actividades
productivas, pasivos ambientales, derrames u otras fuentes de contaminación.
En este ámbito, la experiencia internacional muestra que gestionar un sitio contaminado es más que definir un número o una concentración máxima de referencia: requiere una metodología de investigación que permita determinar si existe un riesgo efectivo, cuál es su magnitud y cómo debe gestionarse. Reino Unido, por ejemplo, aplica el modelo Land Contamination Risk Management (LCRM), que avanza desde la
evaluación del riesgo hacia el análisis de alternativas, la remediación y su posterior verificación. Un
elemento central es identificar la relación Fuente–Ruta–Receptor, es decir, establecer no solo si existe un
contaminante, sino también si puede desplazarse y alcanzar a personas, acuíferos o ecosistemas.
Canadá sigue una lógica similar mediante un proceso estructurado que comienza con la identificación de
sitios potencialmente contaminados y la investigación histórica, continúa con estudios preliminares y
detallados y una clasificación según riesgo, y posteriormente determina si corresponde implementar
medidas de remediación, verificación y monitoreo de largo plazo. Esto implica que la presencia de
contaminación no conduce automáticamente a una remediación: primero debe determinarse si representa un riesgo inaceptable para la salud o el medioambiente.
Australia también ha avanzado hacia una metodología nacional consistente que considera el modelo
conceptual del sitio, objetivos de calidad de datos, caracterización vertical y horizontal de la contaminación, evaluación de aguas subterráneas y análisis de riesgo humano y ecológico.
Esta experiencia resulta especialmente pertinente para Chile, donde ya existen capacidades de
caracterización, monitoreo, análisis de riesgos, modelación y seguimiento de contaminantes. El desafío, por tanto, es avanzar hacia una metodología que entregue certeza sobre cómo investigar cada sitio: reconstruir sus antecedentes, caracterizar la contaminación, identificar fuentes y rutas de exposición, evaluar los receptores potencialmente afectados, determinar el riesgo y, a partir de esa evidencia, definir las medidas de gestión o remediación necesarias.
Desde la perspectiva hídrica, este enfoque cobra especial importancia. Una metodología basada en riesgo
obliga a estudiar la movilidad de los contaminantes y su potencial llegada a las aguas subterráneas. En un
escenario de sequías prolongadas y creciente competencia por el recurso, prevenir la degradación de
acuíferos y recuperar fuentes afectadas constituye también una estrategia de seguridad y resiliencia hídrica.
La Semana Mundial del Agua ofrece así una oportunidad para instalar una discusión que trasciende la
búsqueda de un límite numérico: la pregunta no es solamente cuánto contaminante puede existir en un
suelo, sino qué metodología permite determinar cuándo existe un riesgo inaceptable, cómo se investiga y
qué medidas deben adoptarse para gestionarlo. Esa mirada permitiría acercar a Chile a la experiencia
internacional y, al mismo tiempo, proteger las fuentes de agua disponibles para el futuro.
