- El último Boletín Hidrometeorológico de la Dirección General de Aguas (DGA) muestra un importante incremento del manto nival tras el reciente sistema frontal que afectó a gran parte del país. Sin embargo, el equivalente en agua de la nieve continúa bajo los valores históricos y los embalses mantienen un volumen inferior al registrado hace un año, lo que evidencia que la recuperación de la disponibilidad hídrica aún enfrenta importantes desafíos.
Las intensas precipitaciones registradas durante la segunda quincena de julio dejaron una significativa acumulación de nieve en la cordillera entre las regiones de Coquimbo y Biobío. Según el último Boletín Hidrometeorológico de la Dirección General de Aguas (DGA), la altura del manto nival presenta un superávit promedio de 51% respecto del período 1991-2020, con aumentos especialmente relevantes en sectores como Cerro Olivares, en la cuenca del Elqui (+545%), y Quebrada Larga, en la cuenca del Limarí (+326%).
No obstante, el mismo informe advierte que el equivalente en agua de la nieve (EAN) (indicador que estima el volumen de agua que efectivamente aportará el deshielo) mantiene un déficit promedio de 15% respecto de los registros históricos. En cuencas como Maipo, Maule, Ñuble y Biobío, ese déficit supera incluso el 50%.
Para Gonzalo Cortés, fundador de Snowdata, estos datos demuestran que la cantidad de nieve observada no siempre refleja la disponibilidad futura de agua.
“La altura del manto nival y el equivalente en agua (EAN) no siempre evolucionan de la misma forma. Es posible observar una gran acumulación de nieve, pero que el contenido efectivo de agua sea menor. Por eso, para proyectar la disponibilidad hídrica de la próxima temporada, el EAN es un indicador mucho más representativo que la altura de la nieve por sí sola”, señala.
Más allá de la acumulación de nieve, el informe también pone de relieve la importancia de monitorear la evolución de los caudales y del agua almacenada para apoyar la toma de decisiones durante el deshielo y la operación de la infraestructura hídrica.
El escenario también se refleja en el estado de los embalses monitoreados por la DGA. Al 20 de julio, el país acumulaba 4.316 millones de metros cúbicos de agua, cifra que representa una disminución de 8,3% respecto del mismo período del año pasado. Además, cinco embalses permanecen con menos del 20% de su capacidad, principalmente en las regiones de Coquimbo, Valparaíso, Maule y Biobío.
En ese contexto, Emilio de la Jara, CEO de Capta Hydro, sostiene que el desafío no es únicamente aumentar la disponibilidad de agua, sino contar con mejores herramientas para administrarla.
“Si bien las últimas precipitaciones han permitido una importante recuperación de la acumulación de nieve en la cordillera, el hecho de que los embalses sigan almacenando menos agua que hace un año plantea desafíos relevantes para la gestión hídrica. Contar con información precisa sobre los aportes desde la cordillera y los volúmenes almacenados permite tomar mejores decisiones sobre la distribución y conservación del recurso”.
De la Jara agrega que el monitoreo continuo también resulta clave para anticipar eventos críticos y mejorar la distribución del agua.
“Gran parte de las redes de canales del país continúa operando con mediciones manuales y escasa información sobre lo que ocurre dentro de la red. Incorporar monitoreo, control y automatización permite repartir el agua de forma más eficiente y equitativa entre los usuarios, reduciendo pérdidas y mejorando la gestión del recurso en un escenario de creciente incertidumbre hídrica”.
Los antecedentes publicados por la DGA muestran que, si bien el último sistema frontal mejoró significativamente la acumulación de nieve en la cordillera, la recuperación de las reservas hídricas continúa siendo heterogénea entre las distintas cuencas del país. La evolución de las precipitaciones durante el resto del invierno y el comportamiento del deshielo durante la primavera serán determinantes para la disponibilidad de agua de la próxima temporada.
