- El sistema frontal que afectó a gran parte de Chile entre el 15 y el 20 de julio dejó lluvias históricas, abundante nieve en la cordillera y múltiples emergencias. Pero ¿qué explica que este evento haya sido tan intenso?
- Un análisis del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) concluye que no fue un solo fenómeno, sino la coincidencia de varios factores atmosféricos que actuaron simultáneamente, dando origen a uno de los episodios meteorológicos más relevantes de las últimas décadas.
Las precipitaciones registradas durante esos días superaron ampliamente los valores normales en diversas zonas del país. En algunas localidades de las regiones de Coquimbo y Valparaíso se acumularon más de 300 milímetros de lluvia en apenas seis días, una cifra que incluso sobrepasa el promedio anual de precipitaciones en esos sectores. Al mismo tiempo, la cordillera recibió una importante acumulación de nieve, contribuyendo a mejorar las reservas nivales tras un comienzo de invierno marcado por el déficit de precipitaciones.
Sin embargo, para los investigadores del CR2 la magnitud del evento no puede explicarse por un único factor. Su análisis muestra que varios fenómenos climáticos coincidieron en el mismo período, potenciándose entre sí y generando condiciones especialmente favorables para lluvias intensas y persistentes.
El Niño volvió a hacerse sentir
Uno de los elementos que contribuyó al desarrollo del sistema frontal fue la evolución de un nuevo episodio de El Niño, fenómeno caracterizado por el calentamiento de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial.
En Chile central, esta condición suele aumentar la probabilidad de inviernos más lluviosos, ya que favorece el desplazamiento de sistemas frontales hacia el país. Si bien El Niño por sí solo no explica la magnitud del temporal, los investigadores sostienen que creó un escenario propicio para que otros fenómenos reforzaran sus efectos.
Un río atmosférico aportó grandes cantidades de humedad
A ello se sumó la presencia de un río atmosférico, una extensa banda de vapor de agua que transportó humedad desde el océano Pacífico hacia la zona central de Chile.
Puede imaginarse como una gran “autopista” de humedad en la atmósfera. Cuando ese flujo encuentra los sistemas montañosos de la cordillera, el vapor se condensa y produce precipitaciones de gran intensidad. Según el análisis del CR2, este río atmosférico alcanzó una intensidad suficiente para aportar enormes volúmenes de agua durante varios días consecutivos.
Otros fenómenos reforzaron el temporal
El estudio también identifica la influencia de otros procesos atmosféricos de gran escala, como la Oscilación Madden-Julian (MJO), un fenómeno tropical que favoreció el desarrollo de nubosidad sobre el Pacífico, y una fase negativa de la Oscilación Antártica (SAM), condición que permitió el desplazamiento de sistemas frontales hacia latitudes más bajas.
Cada uno de estos procesos tiene efectos limitados por separado. Sin embargo, cuando coinciden temporalmente pueden potenciarse mutuamente, generando episodios meteorológicos mucho más intensos que los habituales.
Una combinación poco frecuente
Para el CR2, la principal enseñanza que deja este episodio es que los eventos extremos suelen ser el resultado de la interacción entre múltiples factores y no de una única causa.
Comprender cómo se combinan estos fenómenos permite mejorar los modelos de pronóstico y fortalecer la capacidad de anticipación frente a futuras lluvias intensas, especialmente en un contexto donde el cambio climático aumenta la frecuencia e intensidad de los eventos meteorológicos extremos.
Aunque el temporal dejó importantes impactos en distintas regiones del país, también permitió recuperar parcialmente las reservas de nieve en la cordillera. Ahora, el desafío será seguir monitoreando la evolución de estas condiciones durante el resto del invierno y la primavera para evaluar cuánto de esa nieve podrá transformarse finalmente en disponibilidad efectiva de agua para las distintas cuencas.
