- Un nuevo informe del organismo internacional identifica la disponibilidad hídrica, la dependencia económica de la minería, las brechas sociales y la confianza con las comunidades entre los desafíos que enfrenta la principal región productora de litio del país. El documento plantea que la trazabilidad puede contribuir a transparentar los impactos y beneficios asociados a esta actividad.
Antofagasta concentra actualmente las operaciones de producción de litio de Chile y ocupa una posición estratégica en el suministro de minerales necesarios para la transición energética. Sin embargo, aprovechar esa actividad para impulsar un desarrollo territorial de largo plazo supone desafíos que van más allá de aumentar la producción.
Así lo plantea el informe Enhancing Resilience Through Traceability, publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que analiza las cadenas de suministro de litio y níquel en América Latina y el Sudeste Asiático e incorpora antecedentes recogidos durante visitas de terreno realizadas en la Región de Antofagasta.
El documento identifica cuatro desafíos relevantes para vincular de mejor manera la actividad minera con el desarrollo local: la elevada dependencia económica de la minería, las desigualdades sociales, las presiones ambientales —con especial atención al agua— y la confianza entre las empresas, las comunidades y las instituciones.
El agua en una de las regiones más áridas del mundo
La dimensión hídrica ocupa un lugar relevante en el diagnóstico. Antofagasta se emplaza en una de las zonas más áridas del planeta y enfrenta el desafío de compatibilizar las necesidades de abastecimiento de la población con los requerimientos de las distintas actividades productivas.
En el caso del litio, la OCDE pone atención sobre la extracción desde salmueras y las preocupaciones existentes en torno a sus potenciales efectos sobre sistemas hidrológicos, humedales y actividades de las comunidades locales.
El organismo también destaca que la estrategia minera desarrollada en Antofagasta contempla compromisos orientados a disminuir las presiones ambientales de la actividad, entre ellos la reducción del consumo de agua continental.
La Estrategia Nacional del Litio, presentada en 2023, incorporó a su vez medidas de protección ambiental para el desarrollo de esta industria, incluyendo evaluaciones de biodiversidad e hidrogeología para nuevos proyectos y la protección de una proporción de los ecosistemas de salares.
Una economía fuertemente vinculada a la minería
Otro de los aspectos identificados por la OCDE es la concentración económica de la región. Según los antecedentes recogidos en el informe, la minería representó el 72% del Producto Interno Bruto regional en 2023.
Esta dependencia hace que la economía de Antofagasta esté particularmente expuesta a las fluctuaciones internacionales de los precios de los minerales.
Al mismo tiempo, el organismo señala que el elevado peso económico de la minería convive con brechas sociales. Entre los indicadores consignados se encuentran una tasa de desempleo de 9,6% y un índice de Gini de 0,51, además de diferencias en otras dimensiones relacionadas con la calidad de vida.
Trazabilidad más allá del origen del mineral
Una de las propuestas centrales del informe consiste en ampliar el papel que puede cumplir la trazabilidad en las cadenas de minerales críticos.
Tradicionalmente, estas herramientas permiten conocer el origen y recorrido de los minerales a través de las distintas etapas de la cadena de suministro. La OCDE plantea que esa información también puede utilizarse para vincular proyectos específicos con antecedentes ambientales, sociales y económicos.
Esto permitiría, por ejemplo, realizar seguimiento a compromisos relacionados con empleo y proveedores locales, inversiones en los territorios y desempeño ambiental.
La discusión cobra especial importancia en una región que busca compatibilizar su papel como productora de minerales estratégicos para la transición energética con las condiciones ambientales y sociales propias del territorio.
Para Antofagasta, el desafío que plantea la OCDE no se limita entonces a producir más litio, sino también a disponer de información que permita conocer y seguir de manera verificable cómo esa actividad se relaciona con el agua, las comunidades y el desarrollo de la región.
