Por: Héctor Mondaca Ulloa.
La forma en que representamos las crisis hídricas condiciona la respuesta pública. Urge pasar del pánico visual al entendimiento profundo.
La sequía es una realidad persistente en Chile, pero ¿Cómo la estamos contando? En los medios, los informes técnicos y hasta en las campañas institucionales, vemos una imagen recurrente: mapas en rojo, tonos alarmantes, cifras absolutas, y un lenguaje cargado de urgencia. “Déficit hídrico del 80%”. “Emergencia climática”. “Crisis sin precedentes”.
No es que estas afirmaciones sean falsas. El problema es otro: La narrativa de escasez extrema, sin matices ni contexto, puede bloquear la acción en lugar de impulsarla. Los mapas en rojo no explican causas ni soluciones: solo provocan alarma. La gente deja de escuchar cuando el mensaje siempre es “todo está mal”.
¿Cómo mejoramos la manera de mostrar la urgencia del problema hídrico sin ser apocalípticos?
Lo que necesitamos es una comunicación hídrica estratégica que logre tres cosas:
- Informar con precisión, sin reducir la realidad a titulares catastróficos.
- Activar la responsabilidad colectiva, sin caer en la culpa individual permanente.
- Visibilizar soluciones y agentes de cambio, porque también hay innovación, organización y resistencia.
Hoy más que nunca, comunicar la sequía tiene un impacto político importante. No basta con mostrar el problema: hay que hacerlo de forma clara, cercana y humana para generar comprensión y acción.
Porque cuando entendemos mejor, cuidamos mejor.
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